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La tentación de morir

Colectivamente parecemos tener un asombroso deseo de muerte. El final del siglo pasado y el principio de éste trata de hacer la información cada vez más disponible. Cualquier información y cosa que usted quiera conocer está a mano, así que la carencia del conocimiento es una cosa del pasado. Y, sin embargo, con toda esta información y este conocimiento, seguimos manteniendo una línea recta hacia nuestra extinción. La única opción que parece que tenemos es si vamos a hacerlo nosotros mismos o conseguir que alguien más lo haga.

No podemos decir que no nos han avisado. Cualquier científico digno debe arrancarse los pelos con tanta frustración o renuncia. Desistir es solo la cima del iceberg de la tentación de la muerte: renunciar a su trabajo, renunciar a las relaciones, incluso renunciar a nuestras familias. Si seguimos este sentimiento de querer renunciar, se convierte en sólo querer tumbarse, desentenderse y luego hacia sentimientos más profundos de tentación de muerte.

Es difícil saber cuáles son los temas que nos llevan a esta situación ¿Es el cambio climático, las guerras y conflictos, la confusión entre los terroristas y los luchadores por la libertad? ¿Qué pasa con nuestro suministro de alimentos, el más allá de la codicia de control de las empresas, el beneficio a cualquier coste de los productos farmacéuticos, ni siquiera mencionar nuestro suministro de agua y aire limpio? Sólo el pensamiento de todo esto nos lleva a querer renunciar.

Pero tal vez nuestro deseo de renunciar es lo que ha creado esta situación. Hemos dado nuestro poder a los políticos, a las empresas, a los médicos y científicos. Ahora nos encontramos ante una crisis que siempre es una encrucijada: una dirección que apunta hacia el mantenimiento de este impulso destructivo y la otra a cambiar realmente, recuperando nuestro poder y comenzando a usarlo cuidadosamente.

Como los cristianos adoran la crucifixión de Cristo, más que la resurrección, es comprensible que tengan una fuerte tentación de muerte. Dónde los musulmanes y los budistas obtienen la suya es un misterio para mí. Pero está claro que la religión no dará vuelta a este barco y tampoco serán los políticos, o sea que nos deja en manos de los negocios que dan ciertos signos de posibilidades de cambio, pero todavía no lo suficiente. Es decir, quedamos nosotros.

Cada uno de nosotros nos enfrentaremos a momentos en los que querremos renunciar y necesitamos tener la madurez emocional para sentir los sentimientos, pero no para actuar sobre ellos sino para reconocer los sentimientos y seguir eligiendo la vida. Debemos de tener en cuenta para quién queremos seguir viviendo, nuestros hijos, familia o amigos, pero tiene que ser más que para nosotros mismos.

Cuando llegamos a este punto de tentación de la muerte es esencial tener el coraje de hablar a los demás sobre lo que está pasando a uno mismo, recordando que no estás solo ya que todos nosotros tenemos estos sentimientos.

Y es nuestra espiritualidad la que nos recuerda la santidad de la vida, no sólo del planeta, sino también de nosotros mismos. Estar vivo es haber sido tocado por la mano del creador, para ser parte de un todo mucho más grande. Y cualquier cambio requiere tres cosas: entusiasmo, dedicación y paciencia. El Dalai Lama dice: „No importa lo que esté pasando, nunca te rindas“. A medida que tomamos la decisión para la vida, todos los días si es necesario, esperamos que nos dé el coraje para tomar las grandes decisiones.

 

Februar 2017